De acuerdo con el artículo publicado en “Gaceta de Psicología” por Israel Mañas Mañas que adjunto más abajo, en lo concerniente al campo de la psicoterapia “…aún queda mucho por hacer, sobre todo en el sentido de dar explicación –esto es, desde un punto de vista científico- a los procesos psicológicos o mecanismos de cambio que están a la base de estas técnicas, como la meditación o las técnicas de mindfulness. Lo que sí parece cierto es que existe una confluencia desde diferentes perspectivas o tradiciones en cuanto a lo que ha de hacerse para solucionar los problemas humanos, incluyendo a las tradiciones de origen milenario y las modernas terapias de tercera generación (Mañas y Sánchez, 2006).

No deberíamos pasar por alto, que estos planteamientos no se circunscriben exclusivamente al terreno de la psicología ni al de las practicas de origen milenario, sino también y sobre todo actualmente, podemos encontrarlos descritos de forma implícita o explícitamente, en una cantidad ingente de libros de autoayuda y crecimiento personal que están señalando hacia la misma cuestión: el lenguaje (el pensamiento) como el agente causal del sufrimiento humano y la generación de repertorios conductuales (discriminaciones específicas) para solucionar los problemas.

La solución, lo que ha de hacerse, es interferir o alterar de algún modo el flujo del pensamiento, es decir, más que alterar la forma del pensamiento (su contenido) se trataría de alterar el flujo o el surgimiento del pensar mismo. La alteración del propio movimiento del pensar se produce a través de un descondicionamiento progresivo de cierta estimulación y de un condicionamiento progresivo hacia otra y, este descondicionamiento y posterior condicionamiento, puede programarse como ocurre en el caso de la meditación (Mañas, 2006).

En un sentido estricto, nuestra cultura no ha propiciado o generado ciertas discriminaciones específicas de forma más explícita como podrían ser el discurrir de las emociones y pensamientos en nuestro interior, en nosotros mismos. Desde un punto de vista filogenético, quizás estas discriminaciones no hayan sido relevantes para la supervivencia de la especie, o al menos no lo han sido hasta hace relativamente poco tiempo. Por tanto, generalmente, personas sin un entrenamiento previo –por ejemplo, a través de la práctica de la meditación- no las discriminan, es decir, no nos percatamos del proceso puramente automatizado y mecánico que acontece en nosotros o, mejor apuntado, en aquello en lo que nos convertimos nosotros.

Como consecuencia de ello, creemos que somos aquello que pensamos, que somos aquello que sentimos. Dicho de otro modo, me identifico con mi pensamiento creyendo que esa voz, que ese discurso constante que acontece en mi, soy yo mismo. ¿Es posible un estado de ausencia de pensamiento?, en tal caso, ¿dónde estás tú cuando no hay pensamiento? ¿Eres tú -la sensación que tienes de ti mismo- algo diferente del proceso de tu pensar, del proceso de tu sentir? Lo que las TTG proponen, y en ocasiones logran a través de sus técnicas, consiste básicamente en lo mismo que lo divulgado y practicado durante milenios por otras culturas y tradiciones.

El desafío está servido: ¿Qué nos deparará la ciencia actual sobre estas cuestiones? ¿Qué ‘nuevo’ paradigma estamos creando?”